Morelia, Michoacán, a 8 de enero de 2026.- En México es la 4T y en Venezuela el gobierno defiende a la 7T.
La Cuarta Transformación, impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y continuada por el actual gobierno federal de Claudia Sheinbaum, se plantea en el discurso como un cambio de régimen orientado a combatir la corrupción, separar el poder político del económico y priorizar a los sectores históricamente marginados.
Si bien tienen diferencias, en el modelo hay políticas que se parecen, como la lucha contra “el modelo anterior”, que en Venezuela, tras más de 25 años en el poder del chavismo, encumbrado en la Presidencia de Venezuela primero por Hugo Chavez en 1999 y luego por Nicolás Maduro en 2013 hasta su reciente captura el 3 de enero tras un operativo militar estadounidense para llevarlo ante la justicia en Nueva York, jamás se ha dejado de mencionar como enemigos a los políticos de “la derecha”.

No obstante, la 4T no ha propuesto una ruptura con el modelo capitalista. Por el contrario, ha mantenido la estabilidad macroeconómica, el respeto a los tratados comerciales internacionales y la disciplina fiscal, combinando programas sociales masivos con un modelo económico tradicional.
La apuesta mexicana se ha centrado más en una redistribución del ingreso mediante programas sociales y el incremento del salario mínimo.
La 7T: una transformación ideológica
El Plan de las 7T en Venezuela se concibe como una transformación ambiciosa y de carácter ideológico. Desde la narrativa oficial, no se trata solo de reformar políticas públicas, sino de redefinir la economía, el desarrollo y la forma en que se organiza la vida.
Andy Hernández Rada, vocero comunal y economista, explica que la Séptima Transformación pretende reorganizar el sistema productivo global, mientras que la Sexta Transformación se enfoca en la ecología, bajo el principio de una “economía para la vida”. Según argumentó, el modelo actual de producción sin límites pone en riesgo la sostenibilidad del planeta y la continuidad de la humanidad.
El plan se llama 7T porque considera siete objetivos estratégicos para transformar el modelo de desarrollo nacional, en el que las comunas desempeñan un papel fundamental.
Economía: pragmatismo estatal vs economía para la vida
En México, la 4T ha optado por un enfoque pragmático: fortalecer el rol del Estado, recuperar sectores estratégicos como la energía y ampliar la política social, sin romper con el mercado ni con la inversión privada.
En Venezuela, el discurso de la 7T plantea una crítica frontal al capitalismo. Hernández Rada sostuvo que el modelo vigente reproduce riqueza para unos pocos y multiplica la pobreza para las mayorías, convirtiendo todo —incluidas las personas— en mercancía.
Desde la visión comunal, la economía no debe medirse solo en cifras, sino por su impacto en las familias, el territorio y las relaciones comunitarias, una postura que se distancia de los indicadores tradicionales utilizados en México y en la mayoría de las economías del mundo.
Andrés Manuel López Obrador alguna vez propuso dejar de medir el Producto Interno Bruto y comenzar a medir la felicidad. Esto luego de que tras prometer que México crecería 4% anual, de acuerdo con su plan de gobierno, la economía se estancó y se perfiló como crecimiento negativo.
En la 4T, la comunidad es fundamentalmente beneficiaria de programas sociales, pero no un actor central del sistema productivo. El Estado redistribuye recursos, pero la estructura económica permanece prácticamente intacta.
En la 7T, las comunas son presentadas como el núcleo del nuevo modelo económico. Hernández Rada asevera que la economía debe organizarse desde lo colectivo, el territorio y la corresponsabilidad comunitaria, donde cada unidad productiva no sólo garantice su autosostenibilidad, sino que contribuya al bienestar del entorno.
Rechazo al economicismo
Si bien el ánimo del anterior presidente de México era medir la felicidad y otros factores, la 4T se mantuvo utilizando indicadores clásicos como el crecimiento económico, la inflación o el empleo formal para evaluar su desempeño y su discurso ha estado enfocado hacia el neoliberalismo.
En Venezuela, la 7T propone redefinir la forma en que se miden las condiciones de vida. Hernández Rada argumenta que los marcos tradicionales son heredados del sistema colonial-capitalista y no reflejan el bienestar colectivo ni la capacidad de una comunidad para sostener la vida.
Este planteamiento, aunque innovador en el discurso, enfrenta el desafío práctico de cómo medir, comparar y sostener políticas públicas sin referencias cuantificables ampliamente aceptadas en el mundo.
Relación con el capitalismo global
México, bajo la 4T, ha optado por una integración selectiva al sistema económico global, manteniendo el T-MEC y una relación pragmática con Estados Unidos, incluso cuando el discurso presidencial ha sido crítico del modelo neoliberal.
Venezuela asumió una confrontación directa con el capitalismo global. Hernández Rada destacó que el país, por su condición petrolera, ocupa una posición estratégica dentro de la economía mundial, lo que genera tensiones geopolíticas permanentes.
Alianzas como el ALBA-TCP o experiencias como Petrocaribe son presentadas como intentos de construir un modelo alternativo, aunque con resultados limitados.
Hay riesgos en ambos modelos
A siete años del inicio de la 4T, México muestra estabilidad macroeconómica, reducción de la pobreza por ingresos y gobernabilidad política, pero también un crecimiento moderado y una dependencia persistente del modelo capitalista tradicional.
La 7T venezolana, tras más de dos décadas del chavismo en el poder, se encuentra aún en fase de consolidación, enfrenta el reto de traducir su ambición ideológica en resultados tangibles, en un contexto marcado por crisis económica, sanciones internacionales y dependencia petrolera y ahora la crisis que devino tras la intervención estadounidense.






