Morelia, Michoacán, a 14 de agosto de 2025.— En Colorado, un grupo de conejos silvestres ha captado la atención en redes sociales por presentar extraños crecimientos que parecen cuernos. Aunque la imagen resulta inquietante, especialistas explican que se trata de una infección viral que no representa riesgo para humanos ni mascotas.
¿Por qué los llaman “conejos Frankenstein”?
Las fotografías que circulan en internet muestran a los animales con protuberancias en la cara que recuerdan a cuernos o astas. Esta apariencia les ha valido apodos poco favorecedores como “conejitos de Frankenstein”, “conejos demonios” o “conejos zombis”. Sin embargo, el fenómeno no es nuevo y tiene una explicación científica.
El virus detrás de los cuernos
Los conejos fueron detectados en Fort Collins, al norte de Denver, y están infectados con el virus Shope, una variante de papilomavirus que provoca verrugas en forma de crecimientos alargados. “No es raro ver este tipo de casos, sobre todo en verano, cuando pulgas y garrapatas que transmiten el virus están más activas”, mencionó Kara Van Hoose, portavoz de Colorado Parks and Wildlife.
De la leyenda del jackalope a la ciencia moderna
La extraña apariencia de estos animales probablemente inspiró la leyenda del jackalope, un mítico conejo con astas presente en el folclore estadounidense. Además, la investigación de esta enfermedad en los años treinta ayudó a los científicos a comprender la relación entre los virus y algunos tipos de cáncer, como el provocado por el papilomavirus humano.
¿Representan un peligro?
Los especialistas subrayan que el virus Shope no se transmite a humanos ni a otras especies domésticas. Aunque las protuberancias pueden verse impresionantes, no afectan la vida de los conejos a menos que interfieran con su visión o su capacidad para alimentarse. En la mayoría de los casos, su sistema inmune logra eliminar el virus y las verrugas desaparecen.
Un fenómeno que seguirá apareciendo
De acuerdo con las autoridades de vida silvestre, los avistamientos de estos conejos se intensifican en determinadas temporadas y, aunque generan alarma, forman parte de los ciclos naturales de la fauna en Colorado. “Es común recibir llamadas de residentes sorprendidos, pero insistimos en que no hay motivo de preocupación”, aseveró Van Hoose.






