Ciudad de México. — La propuesta de reforma electoral impulsada por el Gobierno federal ha encendido un nuevo frente de confrontación política en México, luego de que figuras de la oposición como Ricardo Anaya y Alejandro “Alito” Moreno la calificaran como “la Ley Maduro”, al considerar que pone en riesgo la democracia y la autonomía de las instituciones electorales.
La iniciativa, que se prevé sea presentada formalmente ante el Congreso en las próximas semanas, plantea cambios estructurales al sistema electoral, entre ellos la reducción del financiamiento público a los partidos políticos, la eliminación o disminución de los legisladores plurinominales, modificaciones al funcionamiento de los órganos electorales y ajustes en los mecanismos de participación ciudadana, como la revocación de mandato.
Desde el oficialismo, la reforma es defendida como un esfuerzo para modernizar el sistema político, reducir costos y garantizar una representación más directa de la ciudadanía. El Gobierno ha insistido en que no se busca vulnerar la autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE) ni debilitar los procesos democráticos.
No obstante, la oposición sostiene una postura radicalmente distinta. El senador del PAN, Ricardo Anaya, advirtió que la reforma podría abrir la puerta a un control político de las elecciones, al modificar reglas clave que, en su opinión, beneficiarían al partido en el poder y limitarían la competencia electoral.
Por su parte, Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, afirmó que la iniciativa sigue un modelo similar al aplicado en Venezuela bajo el gobierno de Nicolás Maduro, donde —según dijo— las reformas legales sirvieron para concentrar el poder y debilitar a las instituciones electorales independientes.
Ambos líderes opositores alertaron que la reducción del financiamiento y la eliminación de mecanismos de representación proporcional podrían afectar el pluralismo político y debilitar a los partidos de oposición, alterando el equilibrio democrático del país.
Mientras tanto, el debate continúa en el ámbito legislativo y mediático, en un contexto de alta polarización política, donde el futuro de la reforma electoral dependerá de las negociaciones en el Congreso y del respaldo que logre entre las distintas fuerzas políticas.
La discusión promete convertirse en uno de los temas centrales de la agenda nacional en los próximos meses, al estar en juego las reglas que definirán las próximas elecciones en México.






